by Lisa Haney

jueves

DOS POEMAS DE CARMEN MAROTO CORONADO

1

Sobrecogerme

entre tus dedos,
reducirme
en el forcejeo 
lícito
de la guerra
declarada
en nuestra cama.

Asomarme a tu alma
a través
de mi cuerpo,
someterte
al interrogatorio
de gemidos,
paralizar
el estremecimiento,

-detenerte-

obligarte a tirar
las armas
y así, entregado,

hacerte testigo
de mi placer.


* * * * *

2

Hay amores
que se conjugan,
que se apoderan
que crujen las entrañas
que nos disuelven
que resucitan
que rompen la noche
que nos provocan fiebre,
que nos vierten
a la locura.

Y es justo
que yo les escriba.

Aunque duelan.



Carmen Maroto

martes

A UNOS VISITANTES OCCIDENTALES, un poema de SAADI YOUSEF

Nos preguntamos, por Dios, por qué habéis venido hasta nosotros; somos pobres
y bandoleros
y pescadores de un pez que no satisface nuestras necesidades diarias y polinizadores de palmeras, a veces.

Nuestras casas son
lana, 
o caña, 
o barro con techos de hoja de palmera, a veces.

Nuestra ropa
es una,
sin colores,
ni cortes ni formas, sin cinto... Incluso estamos desnudos, a veces.

Entonces,
por Dios, ¿por qué habéis venido hasta nosotros? ¿Os gustan, de verdad, las palmeras y el desierto? ¿Os gustan las casas de lana,

y nuestra ropa,
y el barro techado?

No nos queda,
a nosotros, los desollados, más que mostrar la blancura de los huesos.

No os damos, os rogamos...

Saadi Yousef, en ANTOLOGÍA MEDIO ORIENTE -16 Poetas- (Muestrario de Poesía; República Dominicana, 2008)

domingo

ARDER un poema de JORGE BOCCANERA

Cuando nos besamos trituramos un ángel.
Su última voluntad será nuestro deseo.
Tiempo habrá para escupir sus vidrios de colores,
su sombrero de plumas,
barajas manoseadas por tahúres y ahora
hay que hacerlo entrar,
ofrecerle licor (que él viene de morirse),
acercarle una silla (que lee en la oscuridad).
Dirá sus baratijas,
su forma de guiarnos al secreto de la vieja
estación.
Dirá que el vino está hecho de hojas secas,
que puede hacer un fuego con tu rostro y el mío.
(Ni un centavo de luz a su trabajo).
Cuando nos besamos desollamos un ángel,
un condenado a muerte que va a resucitar en
otras bocas.
No tengas lástima por él, sólo hay que hincar el
diente
y triturar al ángel.
Abrir tus piernas blancas y darle sepultura.


Jorge Boccanera.