by Lisa Haney

lunes

JEFA DE VEGETALES, un poema de Yanko González

siendo cajera en el HIPER me ascendieron a jefa de
vegetales por esa manera exacta de devolver el vuelto
esa habilidad sin trámite de sacar galana                                                     
la melona golpeada / la vinagre mugrienta.

quieta habilidad de encontrar callada
en la malla de kilo la papa blanda
esa vergüenza de la yagana
así con la uña larga/ rompía el hilo rajaba el ato
y echaba a la zanahoria palta la lechuga lenta.

qué cirugía fina/ qué odontología/ p e r o q u é s i n t o n í a
pero haberme visto/ QUÉ CALIGRAFÍA.

los chilenitos no entendían los reponedores me jodían
si en Neuquén no crece nada si la sidra la revuelven
con el gas de cañería.
pero cho/ pero yo/ seguía/
la guerra del desierto
la jefa de vegetales de la pampa perdida
llenando mi canasto de fruta podrida.

qué tersura/ qué pasillo/ qué chacra hermosa
la de esta zorra argentina
que le quitó el laburo
al chilote de la fiambrería

qué ricura/ qué heroína
que acusó de hurto
al mapuche de la
panadería.

Nota del autor junto al poema:
Los trabajadores chilenos viven en chozas cerca de la casa del colono o en plena selva donde vigilan el ganado (…) El granjero chileno no está en contacto con el alemán. La ola demócrata no tocó todavía estas regiones (…). Esas gentes son sucias, andrajosas groseras; sus chozas de madera se alinean a lo largo de caminos sucios y malolientes (…) la cabaña está dividida en dos: cocina y dormitorio. En medio de la cocina, hay un fuego siempre encendido y que llena de humo la choza. Alrededor del fuego siempre, hay bancos o troncos de árboles en el que los chilenos pasan su mayor parte de su existencia fumando y charlando. En ninguna parte del mundo se miente y se maldice tanto como alrededor de un fogón chileno. Las vestimentas y los jergones están llenos de piojos. Afuera, los pollos, los perros y cerdos vagan libremente entre los montones de conchas vacías y otras basuras (…). Los chilenos tenían antiguamente tanta tierra como los alemanes y tenían sobre éstos la ventaja de conocer bien el país. Pero mientras el alemán progresa, a menudo con obreros chilenos, el hombre de la tierra que se ha quedado a trabajar por su cuenta, va para abajo. Es desordenado, ignora el ahorro, vende su tierra para beberse el producto y cae rápidamente a la condición de criado. La mayoría de esas gentes son mentirosas y ladronas, nada está seguro delante de ellos (Leonhardt).

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